Optical Glass House

Una fachada de ladrillos de vidrio en medio de Hiroshima

Hiroshi Nakamura y Arquitectos NAP son los creadores de esta maravillosa joya que se encasta en medio de la ciudad de Hiroshima (Japón). Esta innovadora casa se encuentra situada entre algunos de los edificios más altos de la ciudad, con vistas a una calle bulliciosa, llena de coches y de tranvías. Por ello, para obtener privacidad y tranquilidad en el interior de este entorno, se creó un jardín que es visible desde el exterior gracias a una fachada de vidrio óptico.

El jardín es visible desde todas las habitaciones de la casa. El paisaje silencioso y sereno contrasta con los coches y tranvías que pasan por el exterior de la casa, impartiendo riqueza y vida al entorno.

Optical Glass House by Hiroshi Nakamura & NAP Architects01La luz del sol entra desde el este y se refrecta a través del cristal creando patrones de luz hermosos. La lluvia que cae en el tragaluz se desprende por distintas cuencas sobre la planta de entrada. La luz se filtra a través de los árboles del jardín parpadeando en el piso de la sala, mientras una cortina superligera de metal revestido baila en el viento. En definitiva… un remanso de paz y tranquilidad en medio del caos.

Aunque está situada en el centro de la ciudad, la casa permite gozar de la luz y de la ciudad con sus cambiantes estados de ánimo a medida que pasa el día, algo que permite vivir los distintos cambios de estación desde el interior.

Para crear todos estos efectos la fachada de este edificio se construyó con ladrillos de vidrio macizo translúcidos que se fabricaron mediante un complejo proceso de colado artesanal, uno a uno.

Una vez fundido, el vidrio se depositaba sobre un molde especial de acero, donde se dejaba enfriar muy lentamente, de manera que el aumento de la viscosidad del material fuese gradual y, por tanto, que el compuesto final acabase siendo muy compacto. Así se fueron obteniendo bloques de 50 x 235 x 50 milímetros con una textura de acabado rugosa que genera singulares efectos ópticos.

En todo el proceso, la tolerancia dimensional fue muy baja, pues el sistema de colocación no permitía apenas holguras entre las piezas. Una vez perforados con un soplete, de nuevo uno a uno, los 6.000 ladrillos de vidrio se fueron montando, a la manera de las cuentas de un collar, en los 74 tensores de acero inoxidable que cuelgan de una viga dispuesta a modo de dintel. El resultado final es una cuadrícula translúcida de acero y vidrio.

Fuentes: Arquitectura Viva, Aasarchitecture.com
Fotos: Asaarchitecture.com

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